Preguntas frecuentes durante el embarazo
FASES DEL PARTO
LAS MEJORES PROPUESTAS PARA TU BEBÉ

Dicen que un buen parto es aquel que la mujer puede revivir sintiéndose satisfecha y plena, pasara lo que pasara. El parto forma parte de la vida íntima y sexual de la mujer. También de su esfera emocional. Y no puede acometerse simplemente como un acto médico. Hay mucho en juego para la madre y para el bebé.

Cuando se crea un clima de respeto y seguridad en torno a la mujer, es mucho más sencillo para ella conectar con su sabiduría y su fuerza. La experiencia del parto se queda grabada en la madre durante años, y puede influir en la relación con el hijo, con el padre y con ella misma durante mucho tiempo.

Para afrontar el parto con confianza, es importante que la mujer sepa cómo se desarrolla un parto normal, qué ocurre dentro de su cuerpo y cómo es el viaje del bebé desde el útero hasta el exterior. También es importante comprender qué función tiene el dolor del parto, qué indica y qué se puede hacer para afrontarlo (ver semana 39). Durante el parto la mujer necesita buena compañía y apoyo afectivo, puede ser la pareja, una amiga que ya es madre...

El auténtico dolor del parto comienza con las contracciones más fuertes, que son las que abren el cuello del útero. Si se opta por la anestesia epidural no se sentirán. Es interesante valorar los posibles efectos secundarios que puede tener la epidural, así como otras alternativas al dolor, como el agua o estar activa (ver Parto II. Tipos de parto).

Señales de que el parto se acerca
LA EXPULSIÓN DEL TAPÓN MUCOSO
El tapón mucoso ha protegido el interior del útero durante todo el embarazo, y ahora la mujer se lo puede encontrar al ir al baño. También puede que se vaya diluyendo y no se entere. Puede salir algo de sangre o mucha mucosidad.

La expulsión del tapón mucoso quiere decir que todo está listo y que el parto empezará en los próximos días, pero no tiene por qué ser inmediatamente.
LAS FALSAS CONTRACCIONES
Son como un ensayo de las de parto. Se reconocen como falsas porque apenas duran medio minuto y su intensidad no va en aumento.

Son molestas y aunque no dilatan el cuello del útero, sí lo van preparando para el parto.
EL BORRAMIENTO DEL CUELLO DEL ÚTERO
Antes de dilatarse para que el bebé pase por él, el cuello del útero tiene que “borrarse”, esto quiere decir que se acorta y se vuelve más blandito.

Al final del embarazo, los niveles de la hormona progesterona han bajado, y entra en juego la hormona prostaglandina, responsable del borramiento del cuello del útero y del inicio del parto.
LA ROTURA DE LA BOLSA AMNIÓTICA
Se conoce como “romper aguas”. Suele ocurrir cuando ha comenzado el parto, pero a veces pasa antes. No hay peligro de que el bebé se quede sin líquido, pues no para de producirse. Pero sí hay riesgo de infecciones, por eso hay que extremar las precauciones para que los gérmenes no lleguen a la vagina.

El parto debería comenzar en las siguientes 24 horas. Se recomienda consultar al médico.


En un primer parto el cuello del útero puede tardar hasta dos días en pasar de 0 a 10 cm. de dilatación

El cerebro de la madre produce oxitocina, que es la hormona responsable de que el útero empiece a contraerse cada vez de forma más enérgica. El cuello del útero se va abriendo para que pase el bebé gracias a las contracciones. ¿Cómo se sienten las verdaderas contracciones de parto? Muchas mujeres dudan si podrán distinguirlas, y lo cierto es que será fácil, cuando lleguen, no habrá duda. Las contracciones de parto se van volviendo cada vez más intensas y más largas. También van adoptando un ritmo regular. Duran alrededor de un minuto y medio y se repiten a intervalos de entre tres y cinco minutos. Cuando es el primer parto, la dilatación puede durar muchas horas, si se deja avanzar de forma natural, hay que tener paciencia. El parto es un proceso involuntario, no es posible forzarlo, sólo crear los condiciones adecuadas para que se desarrolle. Uno de los principales obstáculos para que el parto avance es la adrenalina, hormona del estrés, que bloquea la producción de oxitocina. Parto

Se habla de tres etapas en la dilatación: la primera, hasta los cuatro centímetros. La segunda, hasta los ocho. Y la tercera, los dos últimos. La primera etapa de la dilatación, hasta los cuatro centímetros, puede ser muy lenta, y durar hasta un día entero, o algo más. Cuando ya se han dilatado los primeros cuatro centímetros el parto suele acelerarse. En la segunda etapa, se dilata una media de un centímetro cada dos horas. Ésta es la media, hay partos que son mucho más rápidos. Por eso no conviene encarar el parto con ideas preconcebidas de cómo va a ser, sino sumergirse en lo que se está viviendo y disfrutarlo: cada contracción acerca más al hijo al exterior.

Cuando comienzan las contracciones de parto es mejor seguir activa y no darles mucha importancia. Se puede aprovechar para colocar los armarios, doblar ropa, hacer alguna tarea doméstica. A medida que vayan siendo más dolorosas será necesario parar cuando llega el dolor y adoptar una postura adecuada para encajarla, se habrán ensayado en las clases de preparación al parto. Entre contracción y contracción hay tiempo para recuperarse. Cada contracción tiene tres fases: la primera fase es soportable, la segunda es dolorosa y en la tercera vuelve a bajar la intensidad.

La dilatación de los dos últimos centímetros es muy dolorosa. Hay que seguir “encajando” las contracciones e intentar no olvidar que la etapa de los pujos está a punto de llegar y que el dolor intenso es señal de que el parto va bien. Puede que se tengan ganas de vomitar.

Si se opta por un parto hospitalario, es aconsejable esperar todo lo que se pueda para ir al hospital, la mujer estará mucho más cómoda en su casa. Normalmente se recomienda ir al hospital cuando comienzan las contracciones más intensas, las de la segunda etapa. En muchos hospitales la mujer tendrá que estar tumbada en una cama durante la dilatación, quizá también le aceleren el trabajo de parto con oxitocina sintética o rompiéndole la bolsa de aguas, si no se ha roto de forma espontánea. También se le monitorizará para controlar las contracciones y el latido del bebé.


Parto expulsivoCuando la mujer siente unas ganas tremendas de empujar, comienza la etapa de los pujos, o expulsivo, puede durar desde quince minutos hasta tres horas.

Cuando el cuello del útero está totalmente abierto, el bebé está listo para salir, y las contracciones le ayudan a atravesar el canal del parto. La mujer siente unas ganas tremendas de empujar, como cuando necesita ir al servicio. Si se ha optado por la anestesia epidural, esta sensación no se experimenta y hay que estar pendiente de las indicaciones que da el médico. No es lo mismo empujar tumbada que poder hacerlo de pie, o cambiando de postura. Hay estudios que demuestran, por ejemplo, que los partos en posición vertical producen menos desgarros del periné y es necesario practicar menos episiotomías

Para nacer, el bebé tiene que pasar el cuello del útero, bajar por la vagina, atravesar la pelvis y salir por el periné. Su cráneo es flexible para poder adaptarse a las medidas del canal del parto. Los expertos aseguran que ser protagonista de su nacimiento estimula al bebé y le prepara para la vida fuera del útero. El bebé espera ser recibido por su madre, sentir su piel y no separarse de ella. Se aconseja esperar que el cordón deje de palpitar antes de cortarlo, para que el bebé reciba más sangre de la placenta.

La Asociación Española de Pediatría recomienda que no se separen a la madre y al hijo para realizar los controles al recién nacido, tales como el Test de Apgar (si es mayor de 7 en el primer minuto) y la identificación. Tampoco hay que bañar al recién nacido, sólo secarle con paños húmedos para eliminar sangre, meconio o líquido amniótico, evitando quitar el vérmix caseoso.


El parto termina cuando ha salido la placenta completa, entre quince minutos y una hora después del nacimiento del bebé.

La última fase del parto es la expulsión de la placenta. Si el bebé se pone al pecho, acelera las contracciones que ayudarán a que salga la placenta. En algunos países es tradición enterrarla en el jardín, como recuerdo del importante papel que ha desempeñado en el crecimiento del hijo.