Dormir de un tirón pasó a la historia, y a la recuperación postparto se une la intensa demanda del bebé. Las primeras semanas suelen ser muy duras para las madres primerizas, también para los padres.

Hace falta tiempo para adaptarse a la vida con un bebé. Pero aunque haya días que no puedan ni quitarse el pijama, la mayoría de las madres, y los padres, se sentirá más feliz que nunca.

El apego

El bebé necesita un vínculo afectivo para sobrevivir, más que la comida. El vínculo se va construyendo poco a poco, pero cuanto antes se empiece mejor. Lo ideal es comenzar a comunicarse con él durante el embarazo. Y seguir haciéndolo en el parto y el postparto.

Cuando nace, y desde mucho antes, el bebé sabe si es querido o no, si su madre siente un amor incondicional por él o no. Para él su madre es su mundo, es él mismo. Hasta mucho después de nacer no comenzará a percibirse como un ser distinto a ella. Y la sensación de sentirse amado y aceptado en lo más profundo le nutre más que cualquier alimento físico.Hasta aproximadamente los tres años, y especialmente durante su primer año de vida, la necesidad de apego del niño es muy intensa.

Los expertos aseguran que el apego es una conducta biológica fundamental para nuestra supervivencia. El niño manifiesta su necesidad de apego al llorar, reír, succionar sin necesidad de alimentarse, aferrarse a la figura materna, llamar, balbucear... Para los padres también es importante sentirse apegados a sus hijos.