Amamantar es la forma natural para la madre de proporcionar alimento y bienestar a su hijo. La leche materna es un alimento vivo y personalizado, cada bebé obtiene justo la cantidad que necesita y con los nutrientes adecuados, la leche no tiene la misma composición en la primera semana que en el sexto mes, ni tampoco al inicio y al final de la toma. Desde el punto de vista de la mujer, dar el pecho forma parte de su sexualidad, es una expresión de su vida plena.

Aunque nadie duda que amamantar es lo mejor, la mujer tiene la última palabra. Será ella la que decida si dar el pecho o no, y hasta cuándo. Pero merece la pena hacerlo en condiciones óptimas, es decir, bien informada y con apoyo. Muchas madres que no han amamantado a sus hijos, o que lo han hecho menos tiempo del que hubieran querido, se lamentan por no haber sabido lo suficiente, por no haberse sentido arropadas por su entorno o por no haber encontrado ayuda cualificada para superar las dificultades.

La leche materna es lo mejor

Todas las mujeres que acaban de dar a luz están perfectamente listas para amamantar a su hijo, salvo escasas excepciones por problemas médicos graves. La primera leche que encuentra el bebé al mamar tras el parto es el calostro, un líquido amarillento que contiene todos los nutrientes que el recién nacido necesita, le protege hasta que su sistema inmunológico empieza a funcionar y estimula la maduración de su aparato digestivo. El calostro es rico en proteínas, inmunoglobulinas, vitaminas, minerales y agentes antiinfecciosos como la lactoferrina y la lisocima; es un auténtico cóctel de nutrientes y defensas.

Hacia el tercer día después del parto se produce la “subida” de la leche. Puede que la mujer sienta sus pechos más inflamados y duros, y que su temperatura corporal aumente. Pero puede que si el bebé ha tenido la posibilidad de mamar con mucha frecuencia la transición sea más suave. Los ingredientes de la leche materna están adaptados y combinados en la justa medida para adaptarse a las necesidades de crecimiento del bebé: menos proteínas que el calostro, más grasas, hidratos de carbono, agua, vitaminas, minerales, además de inmunoglobulinas, hormonas, enzimas y células vivas, como los leucocitos, que evitan infecciones.